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Published on August 1st, 2019 | by RevistaLaCorriente

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Los hermanos Cachú, fotógrafos y actores itinerantes del siglo XIX

Con la presentación de su número 64, titulado La puesta en escena, la revista Alquimiarevela información inédita de dos hermanos michoacanos del siglo XIX, quienes por diversas circunstancias aprendieron desde niños el oficio de la fotografía, ejerciéndolo de manera itinerante por diversas poblaciones del centro-norte de México, a través de la Compañía Dramática Cachú, y el cual alternaban con la actividad actoral durante la Revolución.

La combinación de técnicas fotográficas con recursos teatrales, como el uso de escenificaciones, le confirió un rasgo distintivo a la producción visual de Antonio y Juan Cachú, que la joven historiadora Nidia Balcázar Gómez descubrió y del cual entrega un ensayo para compartir con el público especializado y aficionado.

En su persistente camino por poblaciones de Michoacán, Guanajuato, Zacatecas y Jalisco, los hermanos Cachú  llevaban consigo telones pintados, los artilugios para escenificar los retratos, los químicos y aditamentos necesarios para montar el laboratorio donde hacían el revelado y la impresión de imágenes, en plena Revolución.

El estudio fotográfico se convirtió en escenario para que algunos personajes anónimos de la lucha armada posaran frente a la cámara. Los resultados fueron fotos individuales y de parejas de revolucionarios y revolucionarias que posaron hieráticos, ataviados con fusiles y carrilleras.

Balcázar comenta que fueron Miguel Ángel Berumen, autor de un gran libro sobre imágenes de la Revolución, y John Meraz quienes empezaron a descubrir el hilo de los hermanos Cachú, y a partir de esas investigaciones es que nació en ella el interés por estos autores.

La historiadora se acercó a la familia, y ésta le abrió una colección particular, integrada de imágenes personales, familiares y documentos que no se encuentran en otros archivos.

Se conocían muy pocas imágenes de los Cachú, principalmente las de la Revolución, dice Balcázar, de ahí la relevancia de su investigación ―que pronto se convertirá en libro―, en la que presenta imágenes completamente inéditas e historias de la vida revolucionaria.

La presentación de Alquimiatuvo lugar la tarde lluviosa de este viernes, en el Museo Casa de Carranza, donde Adriana Konzevik Cabib, historiadora y miembro fundador de la revista, inició la sesión de comentarios con una muestra de aprecio por el trabajo de Eniac Martínez, fotógrafo de historias y senderos fallecido este 26 de julio, quien mantuvo una estrecha relación con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), principalmente por su trabajo que registra el Camino Real de Tierra Adentro.

Konzevik destacó que, poco a poco, la investigación ha ido recobrando las historias guardadas de muchos fotógrafos. La publicación del ensayo sobre los Cachú, dijo, tiene que ver con la vocación de Alquimia, de reconocer la trayectoria de autores no tan conocidos que trabajaron durante la Revolución, “porque a la larga nos hemos quedado con la idea de los Casasola”.

El ensayo de los hermanos Cachú ofrece miradas distintas y amplía el abanico de fotógrafos que realizaron una intensa labor con todo y la urgencia que significaba una lucha armada en el país. La historiadora también habló de la nueva época de Alquimia, la cual, bajo la dirección de Araceli Puanta, ya deja ver en sus páginas una forma distinta de percibir la fotografía y abre espacio a plumas nuevas de historiadores jóvenes.

En su número 64, la revista hace una revisión sobre la puesta en escena fotográfica, la cual como movimiento artístico puede situarse en la segunda mitad del siglo XX, pero presente desde que surgió la fotografía, cuando los ambientes en que se producían las imágenes ya tenían un proceso de producción y diseño, en parte, relacionado con el tiempo de exposición que necesitaban las cámaras, señaló Mayra Mendoza, directora de Publicaciones del INAH.

Detalló que la reciente entrega reúne cuatro ensayos de destacados historiadores e investigadores en artes visuales: el de Nidia Balcázar Gómez, sobre el estudio fotográfico Cachú.

Otro de Claudia Negrete Álvarez, quien analiza la construcción de la escena decimonónica, con sus vestuarios y accesorios indispensables para crear un ambiente en el que el fotógrafo parecía desempeñar el papel de “director” dentro de una escena que pone en juego la personalidad.

El tercer ensayo, de Elisa Lozano, reflexiona la puesta en escena de proyectos teatrales y fílmicos de Silvia Pinal. La edición cierra con el artículo de Guadalupe García, el cual analiza el horizonte histórico-cultural que rodea el auge de la puesta en escena fotográfica en México, y la define como una estrategia artística que surgió contraculturalmente como crítica a la idea de fotografía directa.

 

 

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