Libros Antonio Rocha

Published on June 15th, 2013 | by RevistaLaCorriente

1

Los bombazos de 1975 en SLP: Terrorismo de Estado (El rochismo y la guerra sucia)

Oráculo de la clase política potosina, Antonio Rocha Cordero gobernó la entidad potosina (1967-1973) y puso punto final al cacicazgo santista.  Rocha se echó a la bolsa al navismo con cargos públicos, notarías y patronatos, pero reprimió al movimiento estudiantil y campesino encabezado por el barbado izquierdista José Luis Sandoval. Reconocido como abogado penalista que culminó su carrera como magistrado de la SCJN, el historiador Rafael Montejano consideró a Rocha un mediocre en la materia y que nunca publicó un artículo a pesar de dirigir una revista jurídica. En el mandato de Guillermo Fonseca Álvarez, que dejó fuera de la sucesión al echeverrista Fausto Zapata, hubo una secuela de la rebelión estudiantil con  Julio Hernández López y Carlos López, entre otros, y para sofocarla el 27 de enero de 1975 estallaron tres bombas en el Centro Histórico dejando una estela de muerte y represión con el fin de culpar a los estudiantes…

Javier Padrón Moncada

 

CAPÍTULO I (fragmento)

El 26 de septiembre de 1967, en una atiborrada plaza de Los Fundadores ante el presidente Gustavo Díaz Ordaz al tomar protesta como gobernador, Antonio Rocha Cordero se deslindó del saliente y odiado santismo, definió su ideario político, trazó las nuevas coordenadas del ejercicio del poder bajo su mando: “El poder público debe ser un defensor del pueblo y no quien lo amenace. Todo acto de autoridad que rebase los mandamientos de la ley, lo consideraré un abuso que debo frenar en lo que a mí corresponda y corregir cuando de otra autoridad se trate. El hombre debe esperar de sus gobernantes respeto a la dignidad, es deber que no se le restrinja su libertad, se atropelle su hogar, se le sujete a obligaciones que la ley y la razón no justifiquen, o se le prive de acceso a las fuentes del conocimiento. Se debe gobernar, no simplemente mandar (…) Confirmo la voluntad de gobernar con la colaboración de quienes tienen su hogar en esta tierra, sin más distingo que el de su capacidad y laboriosidad”.8

Díaz Ordaz elogió a su excolaborador, resaltó el nuevo ciclo político: “Él realizó en unas cuantas semanas la tarea ingente de la unión de los potosinos en los propósitos comunes de mejoramiento colectivo y de armónica convivencia de unos con otros; él despertó la fe dormida del pueblo potosino para emprender una nueva etapa de su historia”.9 Con la “dolorosa espina clavada en el corazón” de una visita anterior al Altiplano, lanzó una grave advertencia que, al paso de los años, sería el sello distintivo de la entidad: “Sí se destruye el clima de unidad y concordia, se habrán destruido las bases del progreso material y espiritual de San Luis Potosí”.

Rocha recibió un estado empobrecido, al borde del colapso financiero. El presupuesto anual ascendía a 71 millones de pesos, lo que colocaba a San Luis Potosí en el lugar 21 en el ámbito nacional, sólo por arriba de Aguascalientes, Colima, Morelos, Nayarit, Tlaxcala y Querétaro. Para analizar la situación del erario convocó a las personas “más distinguidas por su actividad social, económica e intelectual”, y mostró así su manera de ejercer el poder, tomando en cuenta sólo a notables y opositores de corte derechista.

El seis de abril de 1912 nació Rocha en la capital potosina; abogado por la UASLP en 1935; procurador de Justicia en los tres primeros años del gobierno de Santos y de la República en los tres primeros de Díaz Ordaz; secretario de Gobierno de Tamaulipas  (1947-1948), diputado federal (1949-1952 y 1979-1982) y senador (1952-1958). Su carrera la coronó como magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (1974-82). El Congreso del Estado le otorgó en 1986 la medalla Plan de San Luis, y murió en el Distrito Federal el 16 de enero de 1993. Esta trayectoria de medio siglo en los tres poderes se volvió un paradigma de la clase política local, un oráculo al que era necesario recurrir. Aún después de concluido su sexenio tuvo influencia sobre el destino político del estado; no siempre atendida por el centro.

Prohijó nuevas generaciones de políticos que lograron detentar el poder en la entidad con altas y bajas hasta el 2003. La mayoría de los gobernadores, salvo Carlos Jonguitud Barrios (1979-1985) y Gonzalo Martínez Corbalá (1991-1993), eran o se asumieron como miembros de la escuela rochista, la dominante en el último cuarto del siglo veinte: Guillermo Fonseca Álvarez (1973-1979), Florencio Salazar Martínez (1985-1987), Leopoldino Ortiz Santos (1987-1991), Fausto Zapata Loredo (catorce días en 1991), Teófilo Torres Corzo (1993-1994), Horacio Sánchez Unzueta (1994-1997) y Fernando Silva Nieto (1997-2003).

Sin embargo, este cuadro de gobernantes, de una época muy distante y diferente a la santista, por sus resultados se le asemeja mucho, como si fuera una segunda piel; también recurrió a métodos represivos y al saqueo del erario; dejó a la entidad sumida en el sexto lugar nacional de pobreza y marginación (Consejo Nacional de Población, 2000), entre las entidades con mayor corrupción (Transparencia México. Encuesta Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2003), y con una preocupante indiferencia ciudadana, reflejada en el proceso electoral del 2003 con un abstencionismo cercano al 60 por ciento, sobre todo en elecciones municipales.

El exgobernador Santos (1943-1949) se atribuye en sus delirantes Memorias la buena estrella de Rocha, asume casi la paternidad entera de su trayectoria: “…fue, bajo mi influencia política, diputado del Congreso de la Unión, el mejor de la República, muy destacado. Posteriormente y de acuerdo con las reiteradas peticiones que para ello hice al presidente Gustavo Díaz Ordaz, ocupó el puesto de gobernador al estado de San Luis Potosí, también fue ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación debido a sus relevantes méritos y conocimientos judiciales”.10 Los que conocieron y trataron a Rocha no consideran que haya sido tan determinante la tutela santista, sí comparten, en cambio, los elogios que no le escatima, “con prestigio en la Universidad y en toda la ciudad, muy inteligente y eminente penalista”.

Como procurador de la República confirmó el seis de abril de 1965 una resolución de improcedencia de la denuncia que interpuso la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística contra el autor de Los hijos de Sánchez, Oscar Lewis y Arnaldo Orfila, director del Fondo de Cultura Económica, por haber editado un libro “subversivo”, “obsceno y denigrante para nuestra patria”.11 Su imagen de jurisconsulto la puso en duda el historiador Rafael Montejano al ironizar que presumió ser un penalista y dirigió una revista de derecho, pero nunca publicó un solo artículo sobre la materia.12 Cuenta una anécdota que Rocha dispuso que su biblioteca pasara a la UASLP, por considerarla sin mérito, la rechazó Montejano, director de Bibliografía Potosina, y fue enviada a la Casa de la Cultura donde se abrió un fondo con el nombre del exgobernador.

A su paso por la PGR sorprendió a la policía norteamericana por denunciar “constantemente” ante el presidente Díaz Ordaz, al gobernador de Sinaloa, Leopoldo Sánchez, por sus nexos con el narcotráfico y “para muchos la clave del imperio de Félix Gallardo”, primo de los Arellano Félix, del cártel de Tijuana.13 En contraste, cuando fue secretario de Gobierno en Tamaulipas, cargo que ocupó por recomendación de Santos al gobernador Raúl Gárate (general, compañero de armas del huasteco), trabó amistad con Juan Nepomuceno Guerra, contrabandista de la época (y tío de Juan García Abrego, quien sería cabeza del cártel del Golfo y extraditado a Estados Unidos en 1996; a Guerra se le vinculó, desde el sexenio de Adolfo López Mateos, con Raúl Salinas Lozano, secretario de Comercio).

El orden rochista

Un año antes de la masacre en Tlatelolco renunció a la Procuraduría General de la República para postularse de candidato a la gubernatura de San Luis Potosí para el periodo 1967-1973. El triunfal retorno a casa parecía alejarlo de la ruta sucesoria y del fantasma de la rebelión estudiantil que recorría el país y el mundo.

Fue el hombre escogido por Díaz Ordaz para acabar con el largo ciclo de represión y desencuentro del gobierno con la sociedad, comenzado por Santos y continuado por Ismael Salas (1949-1955), Manuel Álvarez López (1955-1959), Francisco Martínez de la Vega (1959-1961) y Manuel López Dávila (1961-1967). La candidatura de Rocha no causó sorpresa, ya se le esperaba, era conocido y estimado. La silenciada oposición navista y otras corrientes dieron su beneplácito.

Rocha era la figura predestinada para las clases media y alta, él representaba el arribo o al menos el anhelo de la modernidad, tanto política como económica, demorada por la persistencia del santismo, un resabio de la revolución. Su sexenio ha sido considerado “el mejor de todos”; pese a ejercer uno de los presupuestos más bajos del país, dio un fuerte impulso a la infraestructura industrial, carretera y educativa-cultural, remozó la capital, integró el gabinete exclusivamente con potosinos, formó patronatos con navistas, alentó el relevo generacional de la clase política, abolió la pena de muerte y el gasto público se transparentó con la publicación mensual de informes financieros, práctica puesta en boga por Nava en su primer periodo de presidente municipal.

No escaparía del destino: durante su gobierno se desarrolló un movimiento estudiantil que se articuló con demandas urbanas y la lucha campesina contra el latifundismo; casi a la mitad de su sexenio, sería tomado en cuenta por Díaz Ordaz que buscaba otras opciones para tratar de impedir que Echeverría fuera su relevo. En la capital potosina hubo pronunciamientos de sectores de la oposición a favor de la candidatura presidencial rochista. El 26 de septiembre de 1969, a manera de “felicitación por sus dos años de buen gobierno”, el sinarquista Salomón H. Rangel consideró que el gobernador cubría los requisitos de “patriotismo, inteligencia, capacidad y honradez”, para dirigir el país.14

La edad lo descartó de la sucesión presidencial según la “reminiscencia” del exdirector de la Federal de Seguridad, Fernando Gutiérrez Barrios, Díaz Ordaz “coqueteó” con la idea de postular al potosino, pero tendría cincuenta y ocho años en 1970. “En una ocasión, saliendo de un acuerdo con el Presidente, meses antes del destape, un periodista –quizá inducido– le preguntó sobre sus posibilidades. Respondió lacónicamente: ‘México es un país joven y necesita de un Presidente joven’. Con ello parecía descartar a varios precandidatos de edad similar”.15

 “Nueva institucionalidad autoritaria”

La raíz santista de Rocha desapareció a los ojos del navismo; la sociedad estaba lastimada y la entidad en el atraso, y se le veía distanciado del cacique, cuya fuerza estaba marchita, y resistió con otros ganaderos, mediante recursos legales y presiones políticas la expropiación de sus tierras hasta 1979, destinadas al proyecto Pujal-Coy; fracasado, entre otras razones, por la reconversión de las tierras de ganadería al cultivo a base de riego y por el “modelo paternalista que privilegió la reproducción del poder y el control político más que la producción agropecuaria”.16

El hombre de baja estatura, moñito y gruesas gafas, rápido se echó a la bolsa al navismo y clases altas, les compartió el poder e hizo lo posible por desaparecer las esquirlas del santismo, dejando las indispensables para la marcha del nuevo orden que emergía en un sosegado entreveramiento de generaciones y maneras no tan dispares de ver el mundo. Una “máxima” que se le atribuye a Rocha y lo retrata con fidelidad, es la de que “basta ponerse de acuerdo con unas cuantas familias para gobernar a todos los potosinos”. En trance su propia sucesión, reprimió los movimientos estudiantil y campesino, sectores que no habían sido valorados ni sus demandas atendidas. Una apreciación crítica de este sexenio es la que exponen dos historiadores del círculo de poder del exgobernador Sánchez, de estirpe rochista:

El régimen de Rocha mantuvo los mecanismos tradicionales de control político y su misma designación fue decisión del poder político central. Así surgió una nueva institucionalidad autoritaria en San Luis Potosí. Durante su gobierno, la oposición se manifestó, como en muchas otras partes del país, desde la izquierda universitaria y se vinculó a las demandas populares urbanas y los movimientos campesinos. Ya no era la izquierda de los obreros de la Cooperativa Atlas, de los ferrocarrileros o los mineros, sino principalmente de los sectores magisterial y estudiantil. El gobernador trató de evitar confrontaciones que abrieran las heridas recientes; cauto, impulsó obras importantes de remodelación en la capital que fueron una revaloración simbólica del espacio urbano donde había surgido el movimiento político de finales de los cincuenta.17

Esta “nueva institucionalidad autoritaria” incluyó los intereses del movimiento navista, eso explica la ausencia, el silencio del caudillo ante las luchas estudiantiles y campesinas de la década de los 70, lo suyo era la lucha electoral. Nava mantuvo comunicación e intercambio de “impresiones” con el presidente de la Federación Universitaria Potosina, José Luis Sandoval Torres; la hija del doctor, Concepción Guadalupe Nava Calvillo, sirvió de enlace. Prudencia, fue la recomendación del curtido político al joven estudiante, “es muy sensible la piel de la universidad”, le dijo.

La inclusión en los patronatos, la entrega de notarías y cargos públicos a opositores y empresarios, fue una estrategia política de Rocha que luego sería adoptada por otros gobernadores con el mismo propósito de “reconciliación” y “reconocimiento” de la diversidad (el caso de Sánchez es emblemático: incluyó a hijos de viejos navistas que fueron funcionarios rochistas o a éstos mismos y, sin pudor, a familiares políticos que reunían ambas calidades). La concordia se reflejaba en la mixtura del gabinete, faltó únicamente la izquierda, radical y reacia a colaborar con el gobierno “burgués”.

Entre los colaboradores que tuvo en su sexenio, figuran Felipe Valle (Fomento Agrícola y Ganadero), Ramón Zamanillo Lavín (Promoción Industrial), Ramiro Robledo Treviño (Secretaría de Promoción de Obras y Servicios), Alfonso Lastras Ramírez (Procuraduría General de Justicia y Secretaria de Gobierno; se convertiría en el albacea político del rochismo), Félix Dauajare (Educación Pública, presidente de la FUP durante el gobierno de Santos), Carlos Serna (Tesorería), Leonardo Hernández (Obras Públicas), Emeterio López (PGJE), Jorge Eduardo Vélez Barrera (Junta de Conciliación y Arbitraje), Odilón Carrillo (Pensiones), Abel Elizondo (Registro Público de la Propiedad), Roberto Oliva (Asistencia Social), José Luis Vega (Penitenciaría), Pedro Ignacio Puente (Finanzas), Alfredo Villalobos (Salud) y Guadalupe Vega (Defensa del Trabajo).

(Este libro está la venta en el primer quiosco de periódicos del Palacio Municipal y en email: lacorrienteslp@gmail.com).

 Notas:

8 San Luis Potosí Informa, núm.1, noviembre de 1967, pp.3-4.

9 Ibíd. p.12.

10 Gonzalo N. Santos, Memorias. México, Grijalbo, 1994, p.778.

11 Oscar Lewis, Los hijos de Sánchez. Autobiografía de una familia mexicana. México, Joaquín Mortiz, 1965 (apéndice).

12 Entrevista con RMyA: “Macabeos, un apodo, como el del perro al que llaman Bobi”. La Noticia, núm.17, agosto de 2000. Montejano no incluyó a Rocha en su Biobibliografía de los escritores de San Luis Potosí, UNAM, 1979; es una útil obra de consulta, pero cuestionada por sus criterios laxos, al registrar a autores de simples tesis o de esporádicos artículos e ignorar a escritores sólo porque no eran de su agrado (en términos ideológicos).

13 Gerardo Albarrán, “Los Arellano Félix, los herederos”, p.175, en El asesinato del cardenal ¿Un error?, México, Grupo Editorial Planeta, Col. México Vivo, 1994.

14 Salomón H. Rangel, Forjando mi destino. (Apuntes de mi vida). México, 1989, p.311.

15 Jorge G. Castañeda, La herencia. Arqueología de la sucesión presidencial en México. Extra Alfaguara, 1999, pp.325-326.

16 Miguel Aguilar-Robledo, Autopsia de un fracaso: El caso del proyecto Pujal-Coy de la huasteca potosina. México, Editorial Ponciano Arriaga, 1995, p.110.

17 Isabel Monroy Castillo y Tomás Calvillo Unna, Breve Historia de San Luis Potosí. México, El Colegio de México, Fideicomiso Historia de las Américas, Fondo de Cultura Económica, 1997, p.307.


About the Author



One Response to Los bombazos de 1975 en SLP: Terrorismo de Estado (El rochismo y la guerra sucia)

  1. Ma. Guadalupe Zarazua Zapata says:

    Hace 40 años sucedió este hecho, en el cual asesinaron a mi padre Juan Zarazua Lopez, en el bombazo frente a Banamex, que al igual de ahora con los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa el gobierno quiere dar carpetazo. Así sucedió en ese tiempo y hasta la fecha no supimos quien fue y no hubo justicia.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Back to Top ↑

mabm