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Published on August 7th, 2014 | by RevistaLaCorriente

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CINE AZTECA*

Federico Monjarás Romo

Cuando una construcción es derribada y desaparece, pasan a ser recuerdos los hechos que en ella tuvieron lugar, dejando atrás un sabor de nostalgia.
Esta impresión nos dejó la demolición del Cine Azteca.
El frente de este centro de espectáculos, tal vez no tenía nada trascendental, en relación con el de las monumentales construcciones que han perdurado siglos y de otras posteriores, de las cuales, muchas se conservan y otras han sido destruidas ante el arrollador urbanismo de la ciudad.
No negamos la necesidad de dar uniformidad al exterior de los suntuosos edificios que circundan la Plaza de Armas, pero, ¿era preciso eliminar del todo al Cine Azteca?
Su memoria trasciende por acontecimientos significativos que marcan efemérides memorables: Veladas literarias; noches de gala en Juegos Florales Estudiantiles; Torneos de Oratoria entre universitarios y normalistas… Las “fugas” de clase de los preparatorianos para ir al cine… Los “abordajes” de los igorrotes…
Cuántas ideas que olvidamos y cuántas que aunque no lleguemos a emitir, conservan una existencia latente… Época de una generación entre los diecisiete y los treinta años, a la que daba un matiz especial lo referente a su entrega al estudio y otras ocupaciones inherentes al gusto en el vestir, a la música popular… Simples expresiones juveniles de aquellos tiempos.
En la historia de esta sala cinematográfica, construida por don Alfredo Lasso de la Vega, e inaugurada el año 1928, figura el estreno de las primeras cintas de sonido siendo la que se exhibió inicialmente “Sonny Boy”, interpretada por Al Jolson.
La propaganda que se utilizaba, de acuerdo con la usanza de entonces, constituía un verdadero espectáculo para los moradores de los barrios. La distribución de programas de mano, se efectuaba por medio del “Convite”, que consistía en un camión forrado con cartelones que anunciaban las películas que se iban a pasar. Por las noches se daba a conocer a varias cuadras de distancia por su iluminación con luces de bengala rojas y el estruendo de una tambora, siendo perseguido por la chiquillería y los perros ladrando a su paso, provocando la expectación del vecindario.
Y así iba recorriendo las calles de los barrios. Se abrían las puertas de las casas y la gente recogía el acostumbrado programa del cine en medio de gran algarabía, sin dejar de llamar la atención el popular “Convite” que, posteriormente, por la evolución de los medios de publicidad, desapareció, pues a principios de los años cuarentas, surgió el Diario EL HERALDO y en sus páginas aparecieron las primeras carteleras cinematográficas locales.
En ese tiempo San Luis contaba con muy pocas diversiones públicas y los amantes del séptimo arte, acudían al cine abarrotando sus localidades, con el solo anuncio de las películas con música aún inolvidable, como las de “Roberta”, “Sombrero de Copa”, “Cantando bajo la lluvia”, interpretadas por Fred Astaire y Ginger Rogers, Genny Kelly, con las acrobacias en los pasos del “Tap – Tap”. Era también el tiempo de los films de los mares del sur, con sus melodías arrulladoras, entre ellas “El Pagano”, por Ramón Navarro… ¿Quién no quiso entonces tocar el ukulele?

La mocedad de la capital potosina se sumaba a la alegría romántica… Con qué entusiasmo concurría la juventud a bailar al “Dancing” del Azteca… Las matinées… ¿Qué audacia! Falta imperdonable para los papás… La prolongada espera a la novia en la dulcería del cine, por la calle 5 de Mayo.
El ambiente del “Dancing” atraía a la concurrencia por aquellos ritmos en boga “Las Bodas de la Muñeca Plateada”, “Muchacha Somnolienta”, “Tiempo Tempestuoso”, etc., interpretadas por el conjunto orquestal a cuyo frente estaba el maestro José Sabre Marroquín, al piano; violines: don Jesús Zarzosa y Pedro Pecina; trompeta, José Marmolejo; trombón, Jesús Guardado; batería, José Lozano y otros.
Un periodo rebosante de entusiasmo juvenil transcurrió en aquella temporada; triunfaban los “Jueves de la Alegría”, organizados por don Leobardo M. González. Privaba en ellos un espíritu pleno de animación dentro de la más ingenua sencillez. El ambiente invitaba al espectador a una participación directa en la función. En el intermedio, el público entonaba a coro las canciones de moda: “Pierrot”, “Negra Consentida”, “Lamento Gitano”, “Ven”, y otras, guiándose por la orquesta y la letra proyectaba en la pantalla.
Un singular espectáculo constituían las presentaciones en el escenario del teatro durante los memorables “Jueves”… El show lo daban los bullangueros estudiantes universitarios en actos improvisados, como fueron el estreno de la bella canción “Aquella Tarde”, con letra del poeta y practicante Antonio de Regil y música del maestro Demetrio Mejía… La coronación del Rey Feo “Gorila I” Antonio Bear… Exhibiciones del “Tap” por los hermanos Miguel y Eduardo Lara… Concurso de “yoyo”, triunfando el pasante de Medicina Miguel Guerra y premios. Todo era tan divertido que las generaciones de los treintas, recuerdan con nostalgia aquella temporada transitoria y efímera, que el pasado inexorable del tiempo dejó muy lejos de mundo actual.
Tal vez se construya un moderno edificio en el hueco que dejó el Azteca, cuya fachada esté acorde con la arquitectura que se requiere, pero nos parecerá descubrir cierta ausencia, pues no es posible olvidar lo desaparecido, al quedar retenido en la memoria sentimental, el recuerdo de lo vivido.

*Tomado del libro “Del San Luís que se va”


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