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Published on January 2nd, 2017 | by RevistaLaCorriente

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AARON SIKIND: UN PALIMPSESTO DE 1961

En la efervescencia política por la gubernatura en 1961, disputada entre el profesor Manuel López Dávila y el doctor Salvador Nava Mar­tínez, llegaría a la ciudad de San Luis Potosí el fotógrafo neoyorkino Aa­ron Sikind (1903-1991), ya reconocido como documentalista por sus ensayos fotográficos sobre la pobreza, los objetos desechados y la nueva arquitectura; fue maestro de escuela pública y formó par­te de un colectivo comunista al que no le gustó su “poética-fotográfica”, era un hombre sensible, marcado por la poesía de William Blake, con estudios en litera­tura inglesa y ciencias sociales.

Sikind se encontró con una sociedad potosina muy crispada, situación que parece haber resumido quizá sin pro­ponérselo en la fotografía que tomó de una barda en la que se había escrito una consigna navista en contra del candidato oficial, a su vez manchada por seguidores de éste y le agregaron en la parte supe­rior la leyenda “Viva Dávila” y abajo en letras pequeñas “Viva Nada”, y otras ma­nos pegaron un cartel de la Unión Na­cional Sinarquista (“cristianismo sí, co­munismo no”) en rechazo a Dávila con fama de anticatólico y comunistoide.

Lo más probable es que Sikind des­conociera la situación local, pero con esa imagen dejó un registro de la lucha polí­tica de esa época, de lenguajes y visiones diferentes; de disidencias e intolerancia y represión, la imposición de López Dávila terminó por sofocar al movimiento na­vista con la anuencia y apoyo militar del presidente Adolfo López Mateos.

Al parecer es la única imagen de ese tipo de la serie que hizo —o que se cono­cen— de su estancia potosina, la mayoría son de bardas cubiertas de carteles de es­pectáculos que se presentaban en la ciu­dad, pegados con engrudo, ya rasgados o tapados por otros, como un palimpsesto indescifrable; paredes como lienzos ro­tos, a medio hacer o en constante mutación por distintas manos.

Sikind no dejó imágenes de la agita­ción política, las masas, los mítines, las confrontaciones entre bandos opuestos, no aparecen los candidatos o los edificios del poder o religiosos, que suelen atraer casi por regla al visitante extranjero, lo pintoresco, la población y la arquitectura fueron omitidas.

Hijo de judíos rusos, trabajó como maestro de escuelas públicas durante veinte años. Al casarse en 1929 con Si­donie Glatter, la primera de tres esposas que tuvo, recibió de regalo una cámara fotográfica, a su pasión por la música y la poesía sumó el arte fotográfico y sería considerado dentro de una corrien­te abstracto-expresionista. En la década de los 30, ya alejado de los comunistas, realizó varios ensayos sobre los efectos de la depresión económica en la socie­dad norteamericana, fotografió la po­breza del barrio de Harlem, buscaba promover el cambio social.

En la siguiente década su trabajo se vuelve más simbólico y retrata objetos desechados, enseña fotografía en dis­tintas instituciones, expone en galerías y se integra como profesor del Instituto de Tecnología de Diseño en Chicago, luego ocupa la dirección del departamento de fotografía, publica libros y viaja a Euro­pa. Cuando era coeditor de la revista Op­ción, es que llega a San Luis Potosí.

El clima político en esta ciudad se ha­bía enardecido desde 1958, con la ruptu­ra de la corriente priista encabezada por el doctor Nava que se enfrentó al santis­mo, el doctor había ganado la alcaldía y logrado la renuncia del gobernador Ma­nuel Álvarez, incondicional de Gonzalo N. Santos, el mandamás de la entidad. El gobernador emergente Francisco Martínez de la Vega no pudo impedir que Nava dejará la alcaldía para postularse en 1961 como candidato a la guberna­tura por el PRI que seguía considerando su partido, pero el dedazo del presiden­te López Mateos favoreció a su antiguo compañero en el senado por el estado de Chihuahua: el profesor normalista Ma­nuel López Dávila, nacido en Ahualulco en 1905, pero con cuatro décadas de ra­dicar en la entidad norteña, fue alcalde de su capital y tenía un pasado anticleri­cal que en San Luis Potosí cobró un cariz de espanto; forjado en la violencia de la clase política chihuahuense de los años que mató a balazos a un legislador y de Teófilo Borunda que se despachó a su tío con un artefacto explosivo.

López Dávila renunció a la oficialía mayor de la secretaría de Educación, reducto de “infieles” promotores del libro de texto gratuito, para asumir la candi­datura al gobierno potosino. Con estas cartas de presentación de desarraigo y anticlerical, trajo malos augurios, el gobernador Martínez de la Vega tenía que garantizarle la transmisión del po­der al costo que fuera. El coordinador de la campaña de Nava en la Huasteca, el abogado Jesús Acosta, fue asesinado el 21 de mayo de 1961 por un diputado priista. La balacera la noche del 15 de septiembre al concluir el Grito de In­dependencia con varios muertos y he­ridos, la detención de Nava y 11 de sus seguidores, después liberados por falta de pruebas; la destrucción del taller de Tribuna, órgano difusor del navismo.

Ya como gobernador, López Dávi­la continuó la estrategia represiva para terminar de acallar a la oposición na­vista, encarceló en 1963 al doctor Nava y varios activistas que habían fundado el Partido Demócrata Potosino, sufrieron tortura y luego fueron liberados. Des­pués de esto el movimiento se apagó. Así fue como se construyó una imagen siniestra, para sus detractores era un comunista, anticatólico (aunque se ha­bía casado por la iglesia con María del Chacón Chávez). También le decían el “turista” y “chihuahueño”, se decía que había traficado con amapola y whisky, falsificado una acta de nacimiento como nativo de Jiménez, Chihuahua, para as­pirar a la gubernatura de esa entidad pero el designado fue Teófilo Borunda. López Dávila ocupó la senaduría por la renuncia de Antonio J. Bermúdez por­que el presidente Alemán Valdés lo de­signó director de Pemex (del que se en­riqueció y luego sería el padre de la in­dustria maquiladora juarense).

Suprimida la oposición en San Luis Potosí, López Dá­vila gobernó sin contratiempos, esta­bleció la Zona Industrial con las élites de su lado y llegaron otras familias a invertir, lo que abrió en parte la cerrada estructura del poder de los viejos gru­pos económicos tradicionales no acostumbrados a la competencia e innovaciones. Al con­cluir su sexenio se regresó a Chihuahua, llevó una vida modesta, falleció a me­diados de los años 70.


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